Miles de personas se han manifestado en las últimas semanas frente a hoteles de lujo en todo el mundo que son propiedad del sultán de Brunéi, el pequeño país del sudeste asiático que acaba de instaurar la lapidación para castigar las relaciones homosexuales y el adulterio, con un código civil que desató el rechazo de buena parte de la comunidad internacional.
«El carnicero de Brunéi», se leía en algunas pancartas, en referencia al sultán Hassanal Bolkiah, líder que dio luz verde a la lapidación de homosexuales.
En Londres, encabezados por el activista de derechos humanos Peter Tatchell, varios cientos de manifestantes se congregaron ante el lujoso Dorchester con banderas arcoíris y pancartas contra la homofobia. Algunos activistas fueron retirados a la fuerza por el personal de seguridad. «Nos manifestamos en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas LGBT en Brunéi», vociferaban los protestantes.
